El histórico descubrimiento del virus de la hepatitis B

Tiempo de lectura: 6 minutos

Tengo debilidad por las historias que subyacen los grandes descubrimientos (por eso con cada episodio de Cosmos me sentía extasiado). Y hoy 28 de julio, Día Internacional de la Hepatitis, traigo a colación un maravilloso ejemplo de cómo la investigación básica conduce a resultados prácticos transformadores, una muestra más de cómo funciona la ciencia.

¿Qué es la hepatitis?

La hepatitis es una enfermedad inflamatoria que afecta al hígado. Su origen puede ser infeccioso (parásitos, bacterias o virus), inmunitario (autoinmunidad) o tóxico (alcoholismo). Entre los agentes infecciosos que causan hepatitis, los virus son los más frecuentes. Existen muchos tipos de virus que infectan los hepatocitos (las células del hígado), identificados por las letras del abecedario: virus A, B, C… hasta la G, siendo los tres primeros los que mayor atención han concentrado.

La hepatitis A (descrita desde mediados de la década de los 40) la causa un virus que se transmite a través de agua contaminada con materia fecal. Solamente presenta cuadros agudos y no suele comprometer la salud general del paciente a largo plazo. Las buenas prácticas de salubridad conseguidas en el siglo XX han conllevado a una reducción en esta infección. Pero con la B el cuento es distinto.

La hepatitis B (identificada en 1963) es una infección del hígado potencialmente mortal causada por el virus VHB. Es el tipo más grave de hepatitis viral y conlleva un alto riesgo de muerte por cirrosis y cáncer hepático. Puede presentar cuadros agudos (días-meses de infección) o crónicos (para toda la vida). La OMS calcula que más de 240 millones de personas sufren de hepatitis B crónica y que más de 780 mil personas mueren cada año como consecuencia de esta enfermedad. Desde 1982 existe una vacuna altamente eficaz para prevenir esta enfermedad y sus consecuencias crónicas; fue la primera vacuna contra uno de los principales cánceres humanos.

La hepatitis C (descrita a finales de la década de los 80, principios de los 90) se contrae por contacto con sangre infectada, su cuadro es principalmente crónico con graves consecuencias para la salud hepática y la vida. No tiene cura, por ello la prevención es imprescindible.

Descubrimiento del virus de la hepatitis B

Un médico británico de apellido McCallum estaba a cargo de la producción de la vacuna contra la mortal fiebre amarilla, la cual mermaba los ejércitos en las zonas tropicales. Corría el año 1940 cuando notó que una considerable proporción de soldados inmunizados desarrollaron hepatitis pocos meses después. Como la vacuna contra la fiebre amarilla contenía suero humano, McCallum sospechó que la hepatitis podría ser causada por un agente infeccioso en la sangre humana. De hecho describió la hepatitis A para la forma de la enfermedad transmitida por el agua, y denominó hepatitis B para la transmitida por sangre contaminada.

Durante los 15 años siguientes los esfuerzos por aislar dicho agente infeccioso no rindieron frutos. Debido a que los científicos no eran capaces de atrapar ningún germen al filtrar el suero de la sangre, sospechaban que se trataría de virus (por su diminuto tamaño pasaban a través de los filtros). La investigación del origen de la hepatitis había llegado a un punto muerto.

Paralelamente, en la década de los 50, Baruch Blumberg (28/07/1925 – 05/04/2011) mientras estudiaba medicina en un gran hospital y luego como médico e investigador epidemiológico en el trópico (en Surinam) quedó intrigado con la naturaleza selectiva de las enfermedades. Le inquietaban las diferencias notables en la respuesta entre individuos que estaban igualmente expuestos a los agentes causantes de enfermedades. Dichas diferencias podrían deberse al azar o ser consecuencia de caracteres heredados, tener un fundamento genético. Su interés se concentró entonces en hallar esas pequeñas diferencias en la sangre que hacían a ciertas personas más susceptibles a contraer determinada enfermedad infecciosa.

Baruch Blumberg, descubrió el virus de la hepatitis B.
Baruch Blumberg, descubrió el virus de la hepatitis B.

A finales de los años 1950, Blumberg comenzó a obtener miles de muestras de sangre de poblaciones de todo el mundo y de pacientes que recibieron gran cantidad de transfusiones sanguíneas (enfermos de leucemia y hemofilia, principalmente) para buscar esas pequeñas diferencias bioquímicas heredables. Su equipo razonó que si de hecho existían esas diferencias, entonces los pacientes multi-transfusionados deberían haber creado anticuerpos contra esas “rarezas” o antígenos. Para poner su hipótesis a prueba, llevaron a cabo una técnica conocida como difusión en gel de agar o inmunodifusión. Aquí un paréntesis en la historia…

La inmunodifusión

Cuando un anticuerpo es puesto en contacto con el antígeno correspondiente, se forman complejos antígeno-anticuerpo que se insolubilizan, dando lugar a una reacción de precipitación. Empleando soportes adecuados es posible que los antígenos y anticuerpos migren de modo que al encontrarse interaccionen y precipiten. Así, esta técnica consiste en enfrentar, en pequeñas perforaciones efectuadas en un agar (material gelatinoso), las soluciones de antígeno y anticuerpo. Al difundir y ponerse en contacto, producirán una banda blanca de precipitación solo si se encuentran.

Inmunodifusión. He modificado una foto de la web para enseñar cómo debió haber sido el aspecto de aquellos ensayos. Los sueros se colocan en pocillos de un gel, los cuales difunden espontáneamente hasta enconcontrarse. Si hay reconocimiento antígeno-anticuerpo, el complejo precipita y se forma la línea blanca señalada con las flechas rojas.
Inmunodifusión.
He modificado una foto de la web para enseñar cómo debió haber sido el aspecto de aquellos ensayos. Los sueros se colocan en pocillos de un gel, los cuales difunden espontáneamente hasta encontrarse. Si hay reconocimiento antígeno-anticuerpo, el complejo precipita y se forma la línea blanca señalada con las flechas rojas.

De la inmunodifusión a la hepatitis B

En 1963, tras años de experimentos, los investigadores descubrieron que el suero de un paciente hemofílico de los EE.UU. reaccionaba con el suero de un aborigen australiano. O sea, dos muestras para nada relacionadas interaccionaban: el suero gringo reconoció y formó complejos con el suero aussie. Luego enfrentaron ese suero australiano a más muestras provenientes de pacientes que recibieron múltiples trasfusiones y resultó que una gran proporción de ellos mostraba interacción con aquella muestra.

Como parecía que la sangre del aborigen contenía un antígeno que reaccionaba con ciertos pacientes hemofílicos y con leucemia, comenzaron a buscar el antígeno Aa (llamado así por australian antigen) en la sangre de un grupo de pacientes especialmente susceptibles en desarrollar leucemia: niños con síndrome de Down.

Normalmente, los niños pequeños con síndrome de Down eran negativos para el antígeno Aa, pero una buena proporción de los mayores daban positivos para dicho antígeno, lo que indicaba que podría estar vinculado a alguna infección. La prueba definitiva llegó en 1966, cuando un niño de 12 años que había dado negativo mostraba la presencia del antígeno unos meses después. Y también tenía hepatitis.

¡El antígeno Aa estaba vinculado a la hepatitis!

La hipótesis se reafirmó con gran fuerza cuando la técnico de laboratorio de Blumberg, que estaba sufriendo los síntomas típicos de la hepatitis, hizo reaccionar su suero con el del australiano, con resultado positivo. Esta chica se convirtió en la primera persona en ser diagnosticada mediante la prueba Aa (este caso me recuerda a la autoexperimentación de Barry Marshal para el descubrimiento del origen bacteriano de la gastritis y del cáncer de estómago)

Lo que vino después fue una lluvia de pruebas a favor de la hipótesis. Tokio, Siena, Londres, Nueva York… científicos de todas partes encontraban Aa en pacientes con hepatitis. Posteriormente Aa fue renombrado a antígeno HBsAg, y hoy ya sabemos que constituye la cubierta proteica externa del virus.

Representación del virus de la hepatitis B. En las zonas rojas se encontraría el antígeno Aa o HBsAg
Representación del virus de la hepatitis B. En las zonas rojas se encontraría el antígeno Aa o HBsAg

La vacuna contra la hepatitis B

El trabajo de Blumberg no finalizó allí ni mucho menos. Durante los años siguientes trabajó en la purificación de las partículas víricas y propuso la creación de una vacuna hecha a partir de partículas de HBsAg obtenidas de la sangre de portadores de la hepatitis B. Esta vacuna estuvo disponible en el año en que nací, 1982. Sin embargo, la producción en grandes cantidades se vio obstaculizada por la necesidad de sangre de los portadores. El relevo lo tomaron científicos de la Universidad de California quienes, haciendo uso de la tecnología del ADN recombinante, introdujeron los genes que codifican para el HBsAg en levaduras, lo que permitió la producción industrial (e independiente de sangre humana) de la vacuna contra la hepatitis B. Esta vacuna recombinante, obtenida a partir de levaduras transgénicas, fue la primera de su tipo para su uso en humanos y su uso fue autorizado por la FDA en 1986, tras casi una década de investigaciones.

Más del 60 % de los casos de cáncer de hígado (uno de los cánceres más comunes) es debido a la infección por el virus de la hepatitis B. Es por ello que la vacuna (recombinante y transgénica, repito) no solo impide la infección, sino que previene sustancialmente las muertes por dicho cáncer. Es también una vacuna contra el cáncer de hígado 🙂

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Por sus descubrimientos concernientes a los mecanismos de origen y diseminación de enfermedades infecciosas, Baruch Blumberg fue laureado con el premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1976.

Si te parece una historia fascinante ¿qué te parece si me lo haces saber en los comentarios?

Fuentes:

– Baruch Blumberg (2002) The Discovery of the hepatitis B virus and the invention of the vaccine: A scientific memoir. Jurnal of Gastroenterology and hepatology 17, S502-S503.

– Organización Mundial de la Salud 

– Organización Premio Nobel 

– National Academy of Science

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15 thoughts on “El histórico descubrimiento del virus de la hepatitis B”

  1. Muy buena tu síntesis. Leí el artículo con gran interés porque:
    1)Soy médico
    2)Me gusta la historia (toda)
    3)Conocía esta historia pero no así en detalle. El antígeno Australia (así se llamaba en la Argentina) se descubrió cuando me faltaban 3 años para graduarme.
    Te felicito. Cabría agregar, cuando hablas de la hepatitis C, que todavía no hay vacuna para ella.
    Un abrazo
    Jorge Miauro

    1. Hola Jorge! Gracias por tu mensaje. Son el tipo de cosas que motivan a uno a seguir en esto.

      Esta historia es fascinante. Los altibajos, las cosas lejanas interconectadas… todo. No fue nada facil contarla, pero con tu resena me siento satisfecho. Un abrazo! (disculpa la falta de tildes)

  2. Muy buena información sobre la hepatitis me gustaría saber la fuente tu redacción es muy buena educativa descriptiva pero me gustaría leer la fuente libros obpagina gracias por tu labor de informar y firmar.

    1. Hola Juan. Al final de mis entradas siempre coloco mis fuentes, de alli extraje toda la informacion que he escrito. Gracias por leerme y dejar tu comentario. Saludos.

    2. muy bueno la historia del virus de la hepatitis , a me detectaron e el 2002 hepatitis ( B) ,y cada seis meses me hago análisis y por ahora me da valores en a la carga viral relativamente baja los médicos que me tratan me dijeron que soy portador crónico del virus . hago vida normal e incluso teníamos relación con mi esposa y ella no se contagio después se puso la vacuna . y aca estamos viviendo

      1. Hola Adan! Interesante tu experiencia. Sigue haciendo caso a tus medicos y mantente atento con tus examenes regulares. Y, sobre todo, ama mucho a tu esposa 😉 Saludos!

  3. Gran aporte que deja entrever grandes gestas, grandes personajes que derrochan arrojo y constancia. Saludos desde Espanien

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