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Sin cocos no hay paraíso

Tiempo de lectura: 3 minutos

Los cocos parecen tenerlo todo a la vez. De ellos se extrae aceite, agua y leche de coco, se fabrica harina y vinagre. Por otra parte, las fibras de la cáscara se usan en la ganadería. Se aprovecha absolutamento todo de esta fruta. En consecuencia, el mercado del coco no para de crecer.

Sin embargo, la perspectiva de este mercado no es nada buena. En el Caribe, las bacterias que causan el amarillamiento letal están diezmando los cultivos de cocoteros.

En Costa de Marfil y Papúa Nueva Guinea, el amarillamiento letal está amenazando las plantaciones. Estos no son los mayores productores de coco, pero son señales preocupantes para el resto del mundo. La diversidad de los cocos debe estar asegurada.

Las semillas

Las semillas de cocoteros  (o sea, los cocos propiamente) son excepcionalmente difíciles de guardar para la posteridad.

Para la mayoría de los demás cultivos, los agrónomos mantienen bancos de germoplasma, generalmente en bóvedas de semillas que comprenden cientos de diferentes variedades.

Si futuros genetistas agrícolas necesitaran obtener un trigo resistente a una enfermedad, por ejemplo, pueden aprovechar la diversidad genética guardada en los bancos de semillas.

Es una manera de combatir el monocultivo y un seguro contra un mundo cambiante.

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Partes del coco

Estos bancos de semilla, sin embargo, no sirven para el coco.

Bancos vivos de cocos

La única forma de cultivar la diversidad del coco es en bancos vivos, plantaciones donde los cocos se cultivan continuamente. Hay cinco bancos internacionales de cocos, en Brasil, Indonesia, India, Costa de Marfil y Papúa Nueva Guinea. Y los dos últimos están amenazados por las bacterias letales.

Estos bancos de cocos necesitan mucho espacio. Esto hace que sean caros de mantener y también sean vulnerables a la ocupación de tierras, especialmente porque están ubicados en países en vías de desarrollo donde la política es inestable.

De hecho un banco de cocos fue recientemente demolido para dar paso a carreras de caballos, por deseos de un alcalde local (recuerda Roland Bourdeix, genetista del CIRAD). Y es que preservar la diversidad del coco no es, naturalmente, la preocupación más urgente en estas regiones.

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Amarillamiento letal de los cocoteros es causado por una bacteria, Phytoplasma

Incluso sin todos estos retos, algunos hechos básicos de la biología hacen difícil cultivar y reproducir los cocos.

Los caprichos del coco

Primero, los cocoteros tardan cinco años en madurar, lo que significa al menos cinco años entre cada generación. Y segundo, las palmeras pueden crecer más de 25 metros, haciendo que la polinización a mano sea muy peligrosa.

Para mantener diferentes variedades, los agricultores deben subir y podar las flores masculinas y luego envolver con una bolsa las flores femeninas (un cocondón 🤣) hasta que estén listas para ser fertilizadas con el polen de la variedad correcta.

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Cosecha de cocos

Para que los cocos sean más fáciles de conservar, la Red Internacional de Recursos Genéticos del Coco (COGENT) ha financiado el trabajo de aislamiento y congelación de embriones de coco.

La mayor parte de la carne blanca comestible del coco es el endospermo, el alimento del embrión en desarrollo. El embrión real está en la base del coco, cerca de uno de los tres agujeros en la cubierta dura marrón, y apenas es más grande que un grano de arroz.

Los científicos han descubierto cómo criopreservar los embriones, descongelarlos en un momento dado y crecerlos en laboratorios hasta que sean lo suficientemente grandes para plantarlos en el suelo. Pero el protocolo hasta ahora es muy poco eficiente, solamente germinan entre el 5 y el 10 % de los embriones congelados.

Es una situación desesperanzadora

La financiación también es muy difícil de conseguir. A diferencia de la poderosa industria de la palma aceitera, donde las grandes empresas suelen pagar las facturas para los bancos de cocos, la mayoría de los cocoteros pertenecen a pequeños agricultores, los cuales siembran solo unas pocas hectáreas y no tienen dinero para invertir en bancos de genes.

Nuestra imagen idílica del paraíso terrenal (arenas blancas, aguas turquesa y cocoteros) está bajo una amenaza bacteriana. El turismo, la industria cosmética, alimentaria y agrícola estarían gravemente afectadas si los cocoteros sucumbieran ante una pandemia de amarillamiento letal.

Debemos evitarlo a toda costa. Sin cocos no habrá paraíso.

La versión original de este artículo fue publicada en inglés el 14 de noviembre de 2016: The World’s Coconuts Are in Danger, firmado por @sarahzhang

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